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3 weeks ago General
Hubo un tiempo en que para alcanzar la inmortalidad social, la élite financiera compraba un Picasso o un equipo de la NBA. Ahora, el nuevo símbolo de poder mide más de nueve metros y lleva millones de años extinguido: el Tyrannosaurus rex. Un ejemplar bautizado como “Gus” acaba de ser subastado en Manhattan por 50 millones de dólares a un comprador particular cuya identidad se desconoce. La Sociedad de Paleontología de Vertebrados contempla con preocupación esta fiebre del “hueso de oro” y defiende que los fósiles de gran importancia científica deberían formar parte del patrimonio colectivo.
El problema es que mientras museos y universidades sufren recortes de financiación, los coleccionistas privados disponen de recursos para excavar y comprar piezas que los investigadores difícilmente pueden asumir. El acceso al conocimiento sobre la prehistoria puede acabar dependiendo de la liquidez del propietario y de su voluntad de prestar los fósiles a la ciencia. Es el caso de “Apex”, un imponente Stegosaurus adquirido por 48 millones de dólares y cedido temporalmente a un museo. Los científicos advierten, sin embargo, que ni siquiera los escaneos 3D permiten descubrir toda la información que contiene un fósil. El temor es que algún día estudiar la evolución de la vida dependa menos de una beca de investigación que de conseguir una invitación a la mansión de un multimillonario.
#Dinosaurios #Paleontología #tyrannosaurusrex
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